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LA MUJER EN EL CINE COLOMBIANO:
ALGUNAS PROFUNDAS HUELLAS
Por Diego Rojas Romero
Mucho tendrían que decir, y de hecho lo harán, actrices invitadas al festival como Vicky Hernández, Cristina Umaña o Alejandra Borrero al oír sobre sus antiguas colegas, las divas italianas del cine silente italiano de comienzos del siglo veinte, descritas como “mujeres fatales de actitudes lánguidas, de movimientos sobresaltados, abrazadas por la angustia y la inminencia de la catástrofe, flores esparcidas sobre los vivos y los muertos”, pues algo ha cambiado en la manera de ver, concebir y vivir la actuación desde aquellos años. Y éste es apenas uno de los aspectos que se tocan durante ocho días dedicados a conocer lo que ha sido el papel de la mujer en el cine colombiano. Una historia tortuosa y tormentosa, como todas las nuestras, pero apasionante, que parte de las dificultades para conseguir actrices por parte de los pioneros de nuestro cine, pues era lesivo para la reputación de las damas decentes, continúa con la paulatina y obligada aceptación de las mujeres delante de las cámaras, y sólo hasta mediados del siglo recién pasado ofrece nombres femeninos en roles como el vestuario, la ambientación, excepcionalmente la producción y, obvio, la continuidad, más conocida en el vocablo inglés de “sript-girl”. El hecho es que sin desconocer la medular importancia que cualquiera de estos desempeños tiene a la hora de observar el quehacer cinematográfico, nos encontramos con que la autoría de las películas, en tanto guión e investigación, y dirección, sólo aparece a cargo de mujeres en nuestro medio durante los turbulentos años sesenta, y desde ahí marcará una profunda huella. De su rastreo es que trata el eje temático de este Cuarto Festival, lo que explica la presencia de algunas de sus protagonistas en la ciudad y la exhibición de algunas de sus obras. Como preámbulo y celebración de esta feliz circunstancia es que se ofrecen estas notas.
PIONERAS DE LARGO ALIENTO
“Siempre digo lo que pienso. Uno tiene que vivir de acuerdo con lo que piensa. Traicionaría todo un concepto de mi vida si me callara. El peor mal que puede hacerse un país es dejarse dominar por el miedo. Por eso, en El páramo de Cumanday , el texto dice: ‘el fantasma del páramo no existe; el verdadero fantasma es el miedo' “, declaraba Gabriela Samper (1918-1974) desde la cárcel en 1972, donde permaneció detenida por cinco meses y luego liberada por falta de pruebas. El páramo... (1965) es su primera película como directora, luego de años de trasegar con el teatro adulto e infantil y la televisión cultural. Documental con puesta en escena sobre una leyenda de las montañas de Colombia y “la lucha del hombre ante la naturaleza inhóspita”, significa el inicio de una trayectoria que se prolongará en seis títulos más de corte antropológico y experimental, realizados en Colombia y Estados Unidos, amén de audiovisuales y trabajos publicitarios. Parte de este trabajo se conocerá a través de su hija menor Mady, también cineasta, y quien a los diecinueve años recibe como herencia la cámara de su madre para que “la uses”. Mady trabajará en fotografía, en publicidad, será editora y, finalmente, se hará realizadora. Varias ficciones en cine y el salto al documental en video, senda por la que aún continúa.
Marta Rodríguez es otra pionera. Antropóloga y documentalista formada en Francia, realiza con su compañero Jorge Silva, entre 1966 y 1972, una obra ya clásica en el cine documental latinoamericano Chircales , atendiendo los postulados de la “observación participante”. Indaga, siempre con Silva, en asuntos como las matanzas de indígenas o la historia del movimiento campesino, hasta que desembocan en la problemática de los indígenas del Cauca, sobre la que realizan varios trabajos, en especial la hermosa alegoría de Nuestra voz de tierra, memoria y futuro (1982). Continúa en el cine, se sobrepone a la muerte de Silva y termina las que serían las dos últimas de ambos Amor, mujeres y flores y Nacer de nuevo (1987), y accede al video como nueva herramienta de exploración audiovisual y lucha social. Así lleva trabajando más de catorce años, con indígenas y desplazados, y trae al festival su último trabajo Soraya o el tiempo de amar (2006), realizado con Fernando Restrepo.
LA PASIÓN POR EL OFICIO
Camila Loboguerrero es la única mujer colombiana que ha dirigido dos largometrajes en cine: Con su música a otra parte (1984) y María Cano (1990). Artista plástica y cineasta, realiza su primera película en 1971. Ha pasado por todos los formatos y géneros en cine, ha dirigido y escrito sus guiones pero también ha sido editora, directora artística y productora. Como todos, y todas, en el oficio, ha llegado al video y ha experimentado. Ha hecho televisión cultural y documentales en ese soporte, y tiene una larga experiencia como docente. Estuvo al frente de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura.
LA CULTURA VIVE
La antropología social, su profesión y pasión, llevó a Gloria Triana a la realización documental. Como estudiante, docente e investigadora siempre ha estado cerca de la cultura popular y sus distintas manifestaciones. Desde mediados de los años sesenta se interesó por la utilización de los medios audiovisuales como herramienta de investigación y divulgación social. Recorriendo el país una y otra vez, y asumiendo tareas de promoción cultural, realiza unos documentales y a mediados de los años ochenta piensa en la flauta sagrada utilizada por los indígenas del amazonas en los rituales en que les rinden culto a sus ancestros, llamada Yuruparí , para denominar la serie de cine documental sobre cultura popular de la que durante cuatro años se produjeron sesenta y cuatro documentales en dieciséis milímetros y veinticinco minutos de duración, de los cuales dirigió treinta y cinco. Luego vino el video y con él Aluna , vocablo de la comunidad Kogi que designa el espacio mágico y simbólico de la creación. Se realizaron ochenta y cuatro programas, de los cuales dirigió trece. Hoy por hoy mantiene su interés por este tipo de trabajo y así lo compartirá durante el festival.
UN SUEÑO BATALLADO POR VEINTE AÑOS
La búsqueda de financiación para realizar un documental sobre el aborto llevaron a Sara Bright y a Eulalia Carrizosa a constituir en 1978 la “Corporación Cine Mujer”, convertido en un grupo de profesionales reunidas en torno a la iniciativa de producir películas y, en general, materiales audiovisuales referidos a la problemática de la mujer. Una plataforma feminista de amplio espectro que congregó en distintos momentos nombres como el de las realizadoras Clara Mariana Riascos y Patricia Restrepo, la actriz y comunicadora Rita Escobar, la arquitecta y urbanista Dora Cecilia Ramírez, y la también comunicadora Luz Fany Tobón de Romero. Realizaron ficciones intimistas y comedias irónicas, también documentales de gran riqueza visual y expresiva, así mismo se valieron del video como herramienta de agitación y divulgación, y transitaron por un proceso que fue de la aguerrida militancia a la serena pero firme posición de género. Algunas se alejaron del medio y otras, como Clara Mariana Riascos y Patricia Restrepo, presentes en el festival con algunas de sus obras y las de sus antiguas compañeras, continúan trabajando como realizadoras y docentes.
NUEVAS MIRADAS
Hacer cine es casi un sueño imposible. Y un largometraje, impensable. Eso lo sabía Libia Stella Gómez desde sus años de teatrera, primero en su natal Santander y luego en Bogotá, y lo corroboró como estudiante de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional. Por eso también invirtió casi diez años de su vida en sacar adelante el proyecto de La historia del baúl rosado (2005), recreación en tono de crónica roja sobre un sonado caso policiaco sucedido en los años cuarenta, visto bajo una lupa macabra, casi escabrosa, muy de los afectos de su autora. Al tiempo que daba vida a su sueño, obtuvo una M aestría en Teoría e Historia del Arte y la Arquitectura con su tesis, laureada, Una mosca atrapada en una telaraña. Buñuel y Los olvidados en el contexto latinoamericano , del que deriva una R epresentación de lo femenino en el cine de Luis Buñuel, sobre lo que nos hablará en el festival.
Catalina Villar, por su parte, documentalista formada en Francia y promotora de los Talleres Varan, realiza en 1998 Diario en Medellín , sentido testimonio sobre un maestro y sus discípulos de una escuela en Santo Domingo Savio. Sea esta la ocasión para conocer o revivir un trabajo lleno de vida, dolor y alegría, como la vida misma.
Apenas unos atisbos de esta mirada que nos propone el “Cuarto Festival de Cine Colombiano Feria de las flores ” sobre la mujer y su quehacer en el cine colombiano, sobre unas huellas imborrables y marcadas.
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