:-:- Corporación Festival de Cine de Santa Fe De Antioquia -:-: festicineantioquia.com
Regresa a la Página Principal Revisar correo Información sobre la Corporación de cine Todo sobre el Santa fe de Antioquia Comunicados & noticias Archivo ediciones pasadas Si tiene alguna duda, o sugerencia, contáctenos!




Archivo de Prensa

 

.

Crónica desde dentro (sin mayores infidencias)

.

Por César Alzate Vargas - Revista Kinetoscopio No. 65 (2003)

Un día o dos antes de acabarse nuestro Festival, Pedro llamó a contarnos que en la edición de Kinetoscopio que se estaba preparando saldría un especial sobre el Toma Cinco de Bogotá, cuyo invitado de honor sería Carlos Mayolo. Dijo que revisando la colección de la revista se encontraba la falla de no haber un solo artículo sobre el caleño y pedía el favor de que lo entrevistáramos porque era un crimen que una revista colombiana de cine como la nuestra no se hubiera ocupado nunca de él. Yo no quería entrevistar a Mayolo ni a nadie, a pesar de que teníamos allí a un montón de directores y gente importante, y pensaba acabar el Festival como lo llevaba hasta entonces: como un jefe de prensa cuyo trabajo duro había sido más bien durante la preproducción del evento y ahora, salvo por el cumplimiento de la aburrida labor de redactar algún comunicado y sonreír simpáticamente a los invitados que pasaran por el comedor infantil del hotel Mariscal acondicionado como sala de prensa, no tenía otros deseos que acompañar a equis publicista a tomar fotos del muy fotogénico pueblo de Santa Fe de Antioquia, conversar con los amigos y darme el banquete de cine colombiano que nuestro festivalito ofrecía en su tercera edición.

Llamé a Oswaldo Osorio por el radio y le pedí que hiciéramos la entrevista entre los dos. Además de desempeñarse como coordinador de programación del Festival, a Oswaldo le falta un libro para ser la persona que más sabe de cine colombiano y solemos hacer una buena dupla entrevistadora: yo me ocupo de lo humano del personaje y él del lado cineasta. Nos pusimos cita con Mayolo, que a estas alturas de la vida tiene la ambigua actitud de no importarle nada y ser secamente amable, y no sé cómo se regó el cuento de que íbamos a hacer la entrevista. Apareció un montoncísimo de gente, entre metiches, fotógrafos y hasta los camarógrafos del canal local de televisión, un promisorio grupo de muchachos que a instancias del Festival viene desde hace dos años haciendo unos trabajos que ya se los quisiera cualquier estudiante de comunicaciones.

Mayolo no estaba cómodo y nosotros tampoco. El único aliciente para hacer la entrevista era que la noche del sábado, séptima de diciembre y segunda del Festival, se había presentado La Mansión de Araucaima, que yo no veía desde hace muchos años y equis publicista no había visto nunca, y estábamos fascinados sobre todo por la actuación de Vicky Hernández y por apartes del guión como ese en que el personaje de don José Lewgoy (quien murió el 10 de febrero pasado) dice: "En esta casa no se cometen pecados veniales" (después estuve rastreando la frase en la estupenda noveleta de Álvaro Mutis en que se basa la película de Mayolo y no la encontré, lo cual acrecienta la admiración por ese guión). La entrevista avanzó con cierta incomodidad, pues, en la zona húmeda del hotel, hasta cuando una hora y pocos minutos más tarde nos despedimos con la cortesía fría con que se despiden los entrevistadores y los entrevistados que han hecho su trabajo sin querer hacerlo. Al día siguiente un roedor que había por ahí se sacudió las malas pulgas de la conciencia asegurando que Mayolo estaba furioso con nosotros. La mañana en que todo acabó, el miércoles 11 de diciembre, tropecé con él poco antes de abordar el bus que llevaría a los invitados al aeropuerto de Medellín. Mayolo fue bastante considerado, me explicó que estaba un poco indispuesto cuando se hizo la entrevista y por eso la incomodidad y ofreció repetirla, si era necesario incluso por fax. Así se hizo luego. Sin embargo, cuando pasadas varias semanas revisé la grabación pude comprobar que la entrevista había estado a la altura del personaje y lamenté no poderla usar: a pesar de su indisposición y de que a cada varias preguntas nos remitía "al libro"[1], Mayolo habló de sus dos únicos largometrajes (el ya citado, que es de 1986, y uno que no he visto, Carne de tu carne[2], de 1984), de su carrera como documentalista -dos de cuyos títulos formaron parte de la muestra de Santa fe de Antioquia-, de su paso por la televisión, de su proyecto de filmar una nueva película sobre hermanos incestuosos y hasta del agotamiento que le produce el tema Andrés Caicedo[3].

Lo de Mayolo nos hizo caer en la cuenta del fenómeno que ha marcado la carrera de casi todos los cinematografistas colombianos: obtenido el reconocimiento por una o dos películas valiosas, son absorbidos por oficios más rentables como la televisión o, si acaso, la realización de documentales, y pasan décadas entre un largo y el siguiente, cuando no es que sus carreras se desvanecen. Luis Ospina, el otro grande de Caliwood, tardó dieciocho años entre Pura sangre, de 1982, y Soplo de vida, del 2000.

Otro puñado de nombres cuyas obras formaron parte de las muestras de Santa Fe de Antioquia ejemplifica el fenómeno: Julio Luzardo, José María Arzuaga, Francisco Norden, Leopoldo Pinzón, Luis Fernando Bottía, Lisandro Duque, Camila Loboguerrero, Jaime Osorio, Felipe Aljure, el mismo Víctor Gaviria. Todos, gente de la que a uno le gustaría haber visto más obra, si bien algunos de ellos mantienen cierta vigencia y será posible ver cosas suyas en el futuro cercano. Me permito hacer un énfasis en el nombre de Felipe Aljure, pues cuando vimos La gente de La Universal (1993) en el parque de La Chinca no hice más que lamentar que tal despliegue de talento y de gracia no tuviera continuidad, que no hubiera surgido el mundo Aljure que se insinuaba en esa película.

EL DIAGNÓSTICO DE SORAYA
Santa Fe de Antioquia no es, ni puede ser, ni tiene la intención de ser, un festival competitivo. Nació en el año dos mil con la idea de llevar a esa población del noroccidente de Colombia, ubicada a casi dos horas de Medellín, una cantidad apreciable de películas de cine, televisión y video que se habían grabado en sus calles y paisajes, en buena medida gracias a la colaboración de sus habitantes, sin que a nadie se le hubiera ocurrido hasta entonces el mínimo gesto de agradecimiento de presentarlas allí.

El gesto se hizo bajo la forma de un festival, gratuito además para el público y con encantadoras proyecciones al aire libre, y tuvo tal acogida no sólo por parte de la gente de la región y de la cercana Medellín sino de cinéfilos que vinieron de muchas ciudades, que a los organizadores les quedó el compromiso de seguir haciéndolo cada año. Llegó entonces la decisión lógica de darle carácter temático, dedicándolo el año siguiente, por ejemplo, al cine sobre la Conquista y la Colonia de América, y en esta tercera edición al cine colombiano con el lema de "Memoria y olvido". Así lo justificaba su director, Víctor Gaviria, en la nota de presentación: "El Tercer Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia quiere dar una mirada ahora a la historia del cine colombiano, haciendo obviamente memoria selectiva de su existencia, pero también conversando con el olvido que trató, con sus gestos y sus mañas, de malograr sus películas, que las emborronó y las enneblinó de prejuicios, procurando que no nacieran a la plenitud de la luz".

Los organizadores se dieron a la misión de juntar en un certamen de cinco días varios elementos que terminaron por justificar la venida de aquellos estudiantes de Nueva York a quienes su profesor les advirtió que nunca más tendrían la oportunidad de ver, en cine y con muchos de sus protagonistas respirando el mismo aire, una muestra representativa del cine colombiano.

El más importante de dichos elementos era una selección juiciosa de títulos en cada una de las muestras: largometraje, mediometraje y video desde los años noventa, así como una sesuda programación académica. Para dar una idea, en largometraje la selección iba desde la muda y aburrida Alma provinciana, de Félix Joaquín Rodríguez, fechada en 1926, hasta la reciente, premiada y meritoria Bolívar soy yo, de Jorge Alí Triana (2002, según el catálogo diseñado por el ladonés Álvaro Vélez).

El segundo elemento era la presencia de una buena cantidad de directores, actores, técnicos y funcionarios. Vale destacar el homenaje al director de fotografía Rodrigo Lalinde y el halo de actrices como Florina Lemaitre, que en La estrategia del caracol interpretó a un travesti y diez años después produce en quien la ve pasar el efecto de levitar, y la excelente y cálida Vicky Hernández, que se paseó por Santa Fe de Antioquia dando entrevistas a la emisora local de radio, tomándoles fotografías a los sonidistas del Festival, encantando a equis publicista que la acompañó a uno y otro lado y la fotografió más que al Puente de Occidente, y diciendo sus verdades en los varios foros a los que acudió.

Y el tercer elemento fue una organización impecable: nada falló en Santa Fe de Antioquia, nada se retrazó más de diez minutos, nadie se puso histérico porque algo no funcionara. Ya un mes antes, cuando en noviembre se hizo el lanzamiento del Festival en Medellín, la dramaturga Soraya Trujillo, cuyos conceptos son de una lucidez que no le conozco a ninguna otra persona, había diagnosticado el trabajo de todos nosotros con las dos palabras indispensables para que salga bien cualquier cosa relacionada con el cine: "Hay equipo".

TRES REGALOS DEL ALMA
Aparte del ego inflamado por el orgullo de participar en una organización a la que no le faltó sino hacer milagros (y no los hizo porque no fue necesario), el Tercer Festival de Santa Fe de Antioquia le obsequió a mi alma de cinéfilo dos o tres encantamientos. Uno de ellos fue ver en copia nueva, y sobre todo con la fotografía optimizada por el desarrollo de un nuevo tipo de cinta, Confesión a Laura, de Jaime Osorio (1990), en mi concepto la película más entrañable que se ha hecho en el cine colombiano. Otro, ver en cine una película que siempre habíamos visto en televisión y que por primera vez se proyectaba en este formato para el público en Colombia: Milagro en Roma, de Lisandro Duque (1988), que formó parte de la serie Amores difíciles y de la que se dice es uno de los pocos experimentos bien logrados de llevar al cine el universo García Márquez (a mí, sin embargo, me gusta mucho la Eréndira de Ruy Guerra).

Y el tercero, descubrir el legado de Gabriela Samper, una cinematografista de los años sesenta a la que apenas intuíamos por las referencias a su nombre en alguna página de la política nacional y por la adaptación que de su texto La guandoca hiciera hace algunos años la Casa del Teatro de Medellín. La obra de Gabriela Samper ha sido preservada y difundida por su hija Mady, quien trajo a Santa Fe tres de sus insospechadamente hermosos documentales: El páramo de Cumanday (1965), El hombre de la sal (1968) y Los santísimos hermanos (1969).

Llegados a este punto, no me queda sino decir que es suficiente y, por si quedan dudas, traer a cuento, en nombre de los lectores, las palabras que usó Mayolo para darle fin a aquella entrevista cuando empezábamos a sobrepasar el límite de lo preguntable: "Ya, no más". Bueno, una última cosa: el Cuarto Festival de Santa Fe de Antioquia, en diciembre de este año, estará dedicado al cine latinoamericano, con el lema "Señales de identidad". Todo está dado para que en él se cumplan las expectativas de una región y un país que ya lo esperan como cita anual de grato cumplimiento para el cine del mundo y que se cumplan también los pronósticos de muchas voces que lo ubican entre los festivales de mayor proyección en América Latina. A ver si vale la pena que regresen los estudiantes de Nueva York, los cineastas de Barranquilla y equis publicista cuya escarapela hallé entre mis cosas y dentro de ella su plegable de programación, marcado en una esquina con la última sílaba de su nombre.


NOTAS:

(1) ¿ Mamá qué hago? Vida secreta de un director de cine. Autobiografía de Carlos Mayolo, publicada en la editorial Oveja Negra, de Bogotá, en el año 2002. La edición es pésima, pero el libro es interesante y muy divertido.
(2) En el catálogo del Festival (página 53) identificamos esta película con el erróneo título de Sangre de tu sangre. Atribuyo este error a que en la vorágine final a que nos empujó la edición del catálogo nos confundimos, quizá por la cercanía entre los dos directores, con Pura sangre de Luis Ospina.
(3) No es necesario explicar que, junto a Luis Ospina -también presente en esta edición del Festival de Santa Fe de Antioquia-, Carlos Mayolo fue uno de los grandes amigos y compañeros de aventura fílmica del crítico, realizador y escritor Andrés Caicedo, a quien se dedicó una sección del Festival a propósito de los 25 años de su muerte.
(4) Entrañable. En definición del Diccionario de la Real Academia, edición 2001: íntimo, muy afectuoso. En mi definición de la vida real: digno de mucho afecto.
.