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Quejarse
de la calidad del cine colombiano es un deporte nacional.
Si bien no es una práctica del todo infundada,
a la hora de intentar hacer una selección de
sólo veinte largometrajes entre casi dos centenares,
resultó ser una labor más complicada
de lo que aparentaba.
El
número de obras dignas, importantes, representativas
o infaltables, fue en definitiva mayor que los prejuicios
propios de un imaginario colectivo que acusa una baja
estima hacia nuestro cine.
Cualquier
criterio que pretendimos aplicar (por décadas,
periodos, importancia histórica, calidad, directores,
etc.) era inexacto o incompleto en sus resultados.
Fue en la síntesis de todos ellos que encontramos
el criterio de selección más apropiado,
aunque, sabemos, no infalible.
En
cierta medida la selección partió de
nombrar los realizadores más destacados, pero
proponer su nombre dependía en parte de los
demás parámetros, así como la
selección del filme que lo representaría.
No siempre era su mejor o más popular película,
sino que podía ser la más característica
de un momento histórico o, incluso, la que
el público había visto menos.
Naturalmente
muchas buenas películas e importantes realizadores
tuvieron que quedar por fuera, más todavía
en la muestra de mediometrajes, pero aun así,
podemos decir que entre este grupo de obras está
representada, en gran medida, la historia y evolución
del cine colombiano.
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