Por Juan Camilo Betancur Echeverry
El miércoles me encontré con César Alzate en la Universidad de Antioquia y lo saludé. Él andaba a prisa. Pocas veces lo había visto así. Si hay algo que lo caracterice es su virtud de tener tiempo para conversar. Me dijo que estaba embolatado en lo del Festival de Cine Colombiano “Ciudad de Medellín”.
Tomé otro sorbo de tinto y le dije, muy tranquilo, que si quería le ayudaba con alguna crónica. No esperó a que me retractara. César me dijo, sin tiempo a dudas, que nos fuéramos para la oficina del festival. Esa primera noche fui a cubrir un evento en la estación de metro Madera. Un fiasco. No quería seguir y ya no podía quitarme. Había concretado, desde antes, una cita con los organizadores del Festival de Cine de Villa de Leyva. Estaba en juego mi palabra; sin más evasivas me reuní con María Angélica Tovar Ibagos y Philippe Van Hissenhaven.
Hablamos como una hora y en ese tiempo apenas pude saludarlos y despedirme. Tenían tantas cosas que decir y pensar y hacer y soñar que mis preguntas eran la confirmación de sus actividades. En mis oídos sus palabras golpeaban como la lluvia sobre los paraguas, a un mismo ritmo, como las manecillas del reloj, constantes, sin altibajos, en continuo movimiento.
Por estos días los esposos Van Hissenhaven están en Medellín promocionando sus talleres de Cine Posible, de bajo presupuesto. Dieron un taller infantil en el Centro Cultural Moravia. Asistieron 23 niños de 7 a 15 años. El resultado, tres cortos de no más de dos minutos, hechos por los mismos niños.
Cinco horas, tiempo de duración del taller. Cinco horas para que los niños aprendan el manejo de cámara, la construcción de guión y la utilización de planos. Cinco horas para contar una historia. Cinco horas para aprender a trabajar en grupo. Cinco horas para enamorarse del cine. Cinco horas para jugar a ser cineasta. Cinco horas en que cada minuto es un sicario observando.
Se utilizaron tres cámaras mini dvds, una por cada grupo. La grabación a una sola cámara, según los organizadores, motiva la agilidad mental del niño. Hay en promedio unos catorce ejercicios narrativos para la construcción de una historia.
Se designan funciones a cada uno de los participantes. El que mueve las sillas o el que hace muecas es importante. Hay un director, un camarógrafo, un productor y actores. Pero rotan. El productor pasa a ser cámara porque el cámara quiere dirigir y se necesita que el director actúe.
Festival de Cine Villa de Leyva
En 1997 algunos cinéfilos exhibieron varias películas, en formato de 16 mm, en el Teatro Municipal de Villa de Leyva. Como muchos proyectos, por reposado, no prosperó. Esta zona del departamento de Boyacá tuvo que esperar diez años para ver algo parecido. En el 2007 se inaugura el Primer Festival de Cine de Villa de Leyva.
Al primer festival, dedicado al cine negro asistieron más de dos mil personas. Lo nuevo eran los cortos de los habitantes de Villa de Leyva.
Se presentó, en la primera versión, cortometrajes de muestras internacionales: Future Shorts, red de novedosas propuestas de cortometrajes; Short Ends Film Festival, promoción de películas de estudiantes de cine y el Festival Internacional de Cine Chico de Canarias.
Van en la segunda versión del festival, que fue dedicada a los nuevos realizadores colombianos. El balance es bueno. Hay más de 150 cortos de muestra de Cine Posible y se preparan dos proyectos, viajar a Marruecos y España e implementar este modelo de cine de bajo presupuesto.
Cine posible
Cine Posible es un proyecto donde se demuestra que se puede hacer cine en Colombia. Consta de varios talleres de 90, 60, 30 y 5 horas. Al final del taller se construye una película corta, producida, pensada y dirigida por los mismos asistentes.
Cine Posible nace hace unos tres años. A los organizadores un colegio les pidió un taller audiovisual. Les daban cinco horas. Pensaron un taller compacto, que les permitiera en tan poco tiempo, al menos, realizar un corto como muestra final. Querían que el taller fuera una matriz de pequeños cortos.
Otros colegios solicitaron el taller. Fue un éxito, hasta se incorporó, desde hace año y medio, como curso electivo. Con las muestras se organizaron exposiciones interinstitucionales y conferencias sobre cine de bajo presupuesto. La protagonista era la Villa. Entonces se pensó en la posibilidad de fundar un festival de cine en Villa de Leyva.
Existen talleres tanto para niños como para adolescentes y adultos mayores. Las historias cambian según la edad del público y sus imaginarios. La clave, enfatizan los organizadores, es representar la cotidianidad de los asistentes e invitarlos a jugar con la cámara y que no se sientan ajenos a la historia.
Lo importante son las ideas y el trabajo en grupo. Los talleres son un tejido social. “Vea, hay un pelao que por X o Y motivo es rechazado. Es posible que tenga gafas y sea tímido y que esté lleno de miedos y que no sea el más popular de su barrio. Casi siempre sorprende. Porque es que, a veces, tiene mejores ideas y piensa más en imágenes que los otros pelaos. Aquí lo que importa son las propuestas. Al final del taller el pelao es expresivo y propone porque se sintió útil. También hay aquellos pelaos que no quieren hacer nada, los plagas. Pero cuando ven la cámara y que ella atrapa sus imágenes y se pueden ver en ella, emplean toda su energía en registrar y dirigir el grupo, lo que, por ejemplo, nos sucedió en Moravia”, dice Philippe.
Cine Posible es ya un largometraje de anécdotas y un encuentro del individuo con el individuo. Todavía los organizadores se asombran cuando los ancianos, por ejemplo, se vuelven niños y se ven en la pantalla sin creer que sean ellos los que están en frente. Cuando se maquillan, se perfuman y asumen roles para verse mejor ante la cámara. Es como la desmitificación de un hechizo. O cuando los niños cuentan la realidad colombiana desde su perspectiva.
En Cazucá, a las afueras de Bogotá, un grupo de niños desplazados por la violencia quería contar las injusticias que habían vivido con la guerrilla y los paramilitares. Formaron dos grupos, pero no los llamaron paramilitares ni guerrilleros sino las águilas y los toros.
El líder de los toros se reunió con el líder de las águilas y le dijo que debía desocupar el rancho porque era un legado de su abuelo, que si no se iba debía atenerse a las consecuencias. El líder de las águilas arrugó el ceño y dijo que no se iba porque ese rancho también se lo había dejado su abuelo y lo iba a defender hasta la muerte. El líder de los toros preguntó por el nombre del abuelo. Juan Pérez, contestó el otro. El líder de los toros se asustó porque así también se llamaba su abuelo. Para celebrar que eran primos decidieron irse a tomar unas cervezas, conocerse y beber como amigos.
Los esposos Van Hissenhaven miraron el reloj, insinuaban una huida, debían ir a una conferencia, buscar contactos, conocer la ciudad, preparar los cortos de Moravia para la clausura del Festival del Cine Colombiano “Ciudad de Medellín”, comer algo, respirar, volver a mirar el reloj, llegar a tiempo a la conferencia, hacer algunas tomas sobre las calles y la arquitectura de Medellín…
Cinco horas era lo que necesitaba para hablar. Me quedé sentado y los vi irse casi sin verlos. Luego miré por la ventana sin ver. Las palabras me brincaban en la cabeza. El tiempo, la prisa, me habían hecho más lento.
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