
La idea de “caja de Pandora” históricamente ha tenido dos sentidos: el primero dice que de ella salieron todos los males de la humanidad, y el segundo, que en ella sólo quedó la esperanza. Por eso esta referencia mitológica siempre ha sido ambigua, pues se utiliza según los intereses de quien la cite. Pero en el caso de la muestra audiovisual que se hace en el marco del Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia, podrían aplicarse ambos sentidos, porque en los 135 trabajos que respondieron a la convocatoria se puede encontrar todos los males y carencias del audiovisual colombiano, pero en la treintena de obras seleccionados definitivamente está la esperanza del país en lo que a imagen en movimiento se refiere.
En primera instancia, lo que se hace más evidente es la preocupación de los realizadores por la problemática realidad que les rodea. No es cierto ese supuesto cansancio con temas como la violencia, la marginalidad y la drogadicción. Estos temas comparten el mismo protagonismo con otros, sobre todo la música (y en menor medida otras artes), las truncadas historias de amor y la soledad o tribulaciones individuales. Pero lo más sintomático no es tanto la recurrencia a estos temas sino la forma en que los realizadores se refieren a ellos, que aunque casi siempre es reflexiva, su mirada está cruzada por el escepticismo o la fatalidad.
Otra constante de ésta, al igual que las pasadas convocatorias, es la alta participación de estudiantes universitarios. Un voluminoso material que da cuenta del proceso de aprendizaje en el audiovisual, un proceso que se encuentra en todos los niveles, desde las precarias obras un poco ingenuas y aficionadas, hasta trabajos de calidad profesional y con la fuerza y frescura que caracteriza a la juventud. Esto es reconfortante, pues ante el empirismo de décadas pasadas, la formación en escuelas de cine y facultades de comunicación y audiovisuales se presenta como la mejor base para el futuro del audiovisual nacional.
Existe otro grupo, menor por supuesto, de realizadores profesionales que se encuentran en tal estado de perfección técnica y madurez narrativa y visual, que no queda más que lamentarse por la falta de los recursos necesarios para que se embarquen en proyectos mayores. Aunque es cierto también que, como bien es sabido, esa falta de recursos estimula el ingenio y muchos de los realizadores han hecho de la simpleza una virtud. Entre los que atendieron la convocatoria no faltó, incluso, quien apelara al decálogo de Dogma 95 (con el correspondiente certificado) para contar su historia.
Este año hubo una novedad en la convocatoria: el reconocimiento del video clip como una forma expresiva audiovisual cada vez más vital y recurrente. En la veintena de trabajos que se presentaron se evidencia cómo el video clip colombiano está en el proceso de crear su propia identidad visual, una identidad que no pierde de vista el referente maestro dictado por Mtv, pero con el peso del color local permeándolo todo, incluso la preponderancia del rock y el hip-hop como los géneros más recurridos.
La intención del Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia es que la muestra Caja de Pandora sea el evento que, por ser el último del calendario anual en el país, haga el resumen de lo mejor del audiovisual nacional. Para ello, además de los trabajos presentados a la convocatoria, se reserva un espacio para algunas obras que tienen la pre-curaduría de importantes muestras del país en cada género, como In-vitro Visual, la Muestra Internacional Documental y la muestra de animación Loop 2006. De esta forma, la Caja de Pandora se perfilaría como el lugar de privilegio del audiovisual colombiano y las obras que hacen parte de ella como la verdadera esperanza de esas imágenes que dicen tanto del país y de sus autores.