NOTAS SOBRE EL 2° ENCUENTRO NACIONAL DE GUIONISTAS |
El tema principal de este foro fue el proceso de escritura partiendo de las experiencias propias escribiendo guiones.
Ciro Guerra, director y también profesor de la Universidad de Magdalena, contó cómo nació el proceso de La sombra del caminante: “Ambas películas han nacido de imágenes (La sombra del caminante y Los viajes del viento). A mí me pasa que me llegan estas imágenes a la cabeza, que son como cuadros y que tienen una historia detrás. La historia de La sombra del caminante era una imagen, la imagen de un hombre que carga a otro hombre en una silla.
Era mi primera vez que escribía un guión de largometraje. En la búsqueda de elementos para enriquecer esa historia, llegué a un guión muy barroco, con bastantes personajes y con mucha acción y con muchas cosas que pasaban. Era un guión muy abigarrado, era un desastre de guión. Afortunadamente una semana antes de que empezáramos a filmar todo se calló, afortunadamente. Dije que tenía que volver a la anécdota y decidí hacer eso y contar eso de la manera más sencilla y más desnuda, concentrándome en esos dos personajes”.
Además también contó algo acerca del proceso de enseñanza de guión: “pienso que el primer paso en la enseñanza del cine general es el abc, es aprender las cosas según el estándar clásico, aprender a caminar para después bailar ballet… a partir de ahí se puede aprender a hacer la máquina de poemas para luego aprender a romperla”.
“La verdad sí seguimos muy intuitiva y espontáneamente las cosas. Pero sí hay una cosa básica que nunca hay que olvidar. Una, tener una anécdota que permite no perderte en el vacío….” Beatriz Novaro.
Harold Trompetero contó su experiencia con Violeta de mil colores cuando antes del realizar el largo, en Nueva York, conoció a un chico muy talentoso que tomaba fotografías, era diseñador y conocía de programas de edición, a pesar de sus escasos diecinueve años. Lo conoció como ‘Momo’ Parra: “Yo me lo encontré y le dije: «oiga, hermano, usted siendo tan talentoso, ¿qué hace acá de inmigrante en un restaurante lavando platos?» Y él me dijo: «No, es que yo vengo acá porque yo quiero hacer cine. Yo tengo 7.500 dólares para rodar una película en Nueva York». Y yo le dije: «Listo, bueno, hagamos una película. Yo pongo los otros 7.500 dólares y vamos a tener 15.000 dólares para rodar una película en Nueva York».
Él tenía una idea, que era una mujer que se suicidaba y yo siempre había tenido esa idea de las muchas mujeres que hay entre cada mujer: una mujer madre, una mujer hermana… Entonces empezamos a compartir ideas. Yo tenía la idea de la flor, la violeta de mil colores, y él tenía la idea de la mujer que nunca muere, que siempre da la posibilidad de vida.
Al final de la investigación teníamos una pared llena de papelitos que decían: una mujer se corta las venas, una mujer se para en una calle y grita, una mujer se masturba y llora. Bueno, escenas y escenas y escenas. Eso era un mar de posibilidades. Dijimos: «matemos las que menos nos gusten, las que sean más clichezudas [risas]» y quedaron como 150 escenas [risas]. El ego de por medio”.
Jorg Hiller, reconocido guionista de varias películas (Esto huele mal, Como el gato y el ratón) y series de televisión colombiana, y también miembro de la Asociación de Guionistas Colombianos, habló sobre el proceso de Soñar no cuesta nada: “Es una película que tiene dos cosas: una anécdota tan increíble que supera toda noción de lo que puede ser cierto. Si esta película me la hubiera inventado yo, hubiera sido un completo fracaso, porque todo el mundo hubiera dicho: «esto es estúpido, increíble, completamente inverosímil». Lo segundo es que todo ese suceso ya estaba narrado de manera cinematográfica. Estaba completamente armado.
Lo que siempre busqué fue contarla de una manera que no fuera tan lineal, por eso la película empieza en presente, tiene una carta, una narración en off… ya avanzado el proceso de la preproducción apareció el personaje central de la película en carne y hueso, que es el teniente Zanabria, que también era el protagonista del hecho real. Sentándome con él a tomarme unas cervezas empezó a soltarme información varia sobre hechos y anécdotas que enriquecieron el guión antes de haberse rodado. Y eso fue un golpe de suerte porque varias de las cosas que yo ya tenía en el guión cambiaron después de esa conversación”.

Diana Ospina, coguionista de La vendedora de rosas, de Víctor Gaviria, habló también de su experiencia en esta película como parte del proceso creador de la historia: “Yo entro al proceso del guión cuando ya hay la sinopsis de la historia, que es la adaptación de un cuento tradicional, ‘La vendedora de cerillas’, pero llevado aquí a las niñas que venden rosas en las calles.
Paralelo al proceso de escritura, Víctor andaba en su proceso de investigación y todas las referencias de un personaje que entrevistó o de algo que alguien le refería, inmediatamente trataba de ubicarlo dentro de esa armazón que se había hecho anteriormente. Permanentemente aparecían elementos y siempre que había un elemento importante la idea era tratar de ubicarlo dentro de todo este contexto, de la estructura completa. Por poner un ejemplo, alguien llegó diciendo que a los chicos de la calle les quebraban la botella de Sacol e inmediatamente le prendían fuego a la botella. Luego que tuviéramos ese elemento decidido, el siguiente paso era elegir en qué parte sucede o en qué momento se da una situación que propicie la aparición de esa acción.
Algo por ejemplo con los mismos diálogos. Víctor también estaba haciendo un trabajo permanente de ensayo con los actores, porque eso fue un trabajo de convivencia, de vivir con ellos, de tratar de conectarse con todo su mundo. Entonces él ensayaba con ellos y los diálogos… eso era como una máquina de hacer diálogos, porque se transcribían los ensayos y después ubicábamos los diálogos tal como ellos los expresaban dentro de la misma historia, porque en una fase inicial solamente estaba lo que se quería decir de la historia. El desarrollo fue a partir de todo este proceso de convivencia permanente”.
Invitados: Beatriz Novaro, Ciro Guerra, Harold Trompetero, Jorg Hiller, Diana Ospina, Libia Estela Gómez (como moderadora).
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