MEDIA
DÉCADA DE MEDIOMETRAJES
La
etapa de los "mediometrajes" es un momento
concreto del cine colombiano que tuvo su comienzo
en septiembre de 1983 y terminó cinco años
más tarde, en diciembre de 1988. Surgió
como respuesta a la necesidad expresada por un grupo
de cineastas que ya habían "agotado"
los ejercicios del cortometraje comercial, y que aunque
habían acumulado una experiencia interesante,
todavía no era suficiente para abordar los
problemas y las expectativas de los largometrajes
argumentales, que aparecían en aquellos años
como la meta a cumplir por FOCINE, el recién
creado instituto de fomento al cine nacional.
Cuando
María Emma Mejía, como realizadora y gerente
de FOCINE, acogió esta idea, la conclusión
a la que todos habían llegado era que antes de
lanzarse a la "azarosa" tarea de hacer largometrajes,
era necesario cumplir un paso previo de preparación
en las funciones que implicaba el cine argumental: prepararse
para el guión, para la dirección de actores,
la puesta en escena, la dirección de arte, la
producción ejecutiva y la producción de
campo, etc. Todas estas, funciones interdependientes
que hacen del cine un arte colectivo.
Durante
cinco años se llevaron a cabo convocatorias públicas,
dos o tres veces al año, que entregaban recursos
del estado para que cada grupo de trabajo realizara
un mediometraje argumental. En cada convocatoria eran
premiados por lo menos dos docenas de proyectos de mediometraje,
que pusieron a trabajar y a profesionalizarse durante
estos cinco años a más de 2.000 personas
del medio cinematográfico. De estos grupos de
trabajo salieron luego los productores ejecutivos, los
directores, los fotógrafos, los directores de
arte, etc., que llevaron adelante con relativo éxito
la realización de largometrajes a finales de
los 80 y durante toda la década de los noventa:
Jaime Osorio, Sergio Cabrera, Felipe Aljure, Víctor
Gaviria, Luis Alberto Restrepo, Pacho Bottía,
Fernando Riaños, etc.
Pero
además de esta profesionalización del
cine, los mediometrajes argumentales también
lograron acercarnos a la masa de historias, regiones,
personajes y paisajes que hacen esa respiración
de bestia informe que es la realidad desconocida de
nuestro país, más allá del arte
y del cine... Por primera vez docenas de grupos de cineastas
visitaron todos los rincones del país, enfrentando
el trabajo de transformar estas historias palpitantes
en guiones, en diálogos, en personajes que debían
nacer y desarrollarse hasta encontrar un destino cualquiera.
Se
realizaron durante estos cinco años aproximadamente
250 mediometrajes argumentales, filmados en 16 mm color,
y estos hicieron las veces, durante aquellos años,
de una verdadera escuela de cine que faltaba. Y su carácter
formador llegó incluso a la televisión,
cualificándola -aunque ella no lo sepa-. Todavía
el influjo de este momento inolvidable se siente en
las películas del nuevo siglo.
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Lunes
de feria, Juan Escobar y Regina Pérez
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Agua
ardiente, de Luis González 
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La
langosta azul, Alvaro Cepeda, Gabriel García
Márquez, Enrique Grau, Luis Vicens. 
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El
curandero de Cocalito
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Pasajero
de la noche, Carlos Santa 
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La
mirada de Miriam, Clara Riascos 
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El
potro chusmero, Luis Alfredo Sánchez 
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Reputado,
Silvia Amaya 
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La
baja, Gonzalo Mejía 
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Valeria,
Oscar Campo 
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Agarrando
pueblo, Luis Ospina 
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Cuartico
azul, Luis Crump 
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Arturo
Navarrete, Jorge Echeverri 
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La
mejor de mis navajas, Carl West 
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