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Quejarse
de la calidad del cine colombiano es un deporte nacional.
Si bien no es una práctica del todo infundada,
a la hora de intentar hacer una selección de
sólo veinte largometrajes entre casi dos centenares,
resultó ser una labor más complicada de
lo que aparentaba.
El
número de obras dignas, importantes, representativas
o infaltables, fue en definitiva mayor que los prejuicios
propios de un imaginario colectivo que acusa una baja
estima hacia nuestro cine.
Cualquier
criterio que pretendimos aplicar (por décadas,
periodos, importancia histórica, calidad, directores,
etc.) era inexacto o incompleto en sus resultados. Fue
en la síntesis de todos ellos que encontramos
el criterio de selección más apropiado,
aunque, sabemos, no infalible.
En
cierta medida la selección partió de nombrar
los realizadores más destacados, pero proponer
su nombre dependía en parte de los demás
parámetros, así como la selección
del filme que lo representaría. No siempre era
su mejor o más popular película, sino
que podía ser la más característica
de un momento histórico o, incluso, la que el
público había visto menos.
Naturalmente
muchas buenas películas e importantes realizadores
tuvieron que quedar por fuera, más todavía
en la muestra de mediometrajes, pero aun así,
podemos decir que entre este grupo de obras está
representada, en gran medida, la historia y evolución
del cine colombiano.
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Alma provinciana,
Félix Joaquín Rodríguez
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Pasado
meridiano, José María Arzuaga
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El río de las Tumbas, Julio Luzardo 
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Gamín, Ciro Durán
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Cóndores
no entierran todos los días, F. Norden
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Confesión
a Laura, Jaime Osorio 
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María
Cano, Camila Loboguerrero 
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La estrategia del caracol, Sergio Cabrera 
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La
gente de La Universal, Felipe Aljure
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Bolívar soy yo, Jorge Alí Triana
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La
pena máxima, Jorge Echeverri 
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La
boda del acordeonista, Luis Fernando Bottia
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Pisingaña, Leopoldo Pinzón 
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Milagro en Roma, Lisandro Duque
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Caín,
Gustavo Nieto Roa 
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La
mujer del piso alto, Ricardo Coral-Dorado 
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