|

Cuando Jean-Luc Godard decía
que el cine era la tierra y la televisión
su arado, seguramente no se refería
tanto a la equívoca influencia
de la caja tonta sobre el rico universo
de la pantalla grande, sino más
bien a las enormes posibilidades
que brindaba el video como una herramienta
más asequible y manejable
para explorar y aprovechar el potencial
expresivo, estético y comunicativo
del lenguaje cinematográfico.
En estos tiempos
de la llamada "democratización
de la imagen", cuando resulta
relativamente fácil acceder
a una cámara y a un equipo
de edición y cuando toda
clase de productos audiovisuales,
tanto o más que los árboles,
hacen parte del medio ambiente,
esta lúcida y premonitoria
idea de Godard cobra completa vigencia.
Y es que tal situación ha
permitido desmitificar la realización
cinematográfica y renovar
su lenguaje. Aunque también
es cierto que han proliferado las
producciones carentes de todo rigor
y de conceptualización del
mismo lenguaje, algunas de ellas
porque, justamente, todavía
son el resultado de un aprendizaje
y una búsqueda, pero otras
porque están sustentadas
sobre la ligereza correspondiente
a la facilidad con que ahora se
tiene acceso al medio.
Por eso en
el Festival de Cine y Video de Santa
Fe de Antioquia, para la sección
Caja de Pandora, además de
la intención de presentar
lo nuevo del documental y la ficción
que se ha hecho en nuestro país,
sin ánimo de competencia
pero sí de calidad, el propósito
era seleccionar, entre las decenas
de trabajos que respondieron a la
convocatoria, unas obras que fueran
consecuentes con esa capacidad del
video para explorar y aprovechar
la infinitas posibilidades del lenguaje
audiovisual. Por eso los principios
de los que se partió tanto
para la convocatoria como para la
selección final fueron los
de originalidad, rigor y riesgo,
tanto en el tratamiento del tema,
como en la utilización del
lenguaje y en el uso del medio.
Consecuentemente
con todo esto y así como
lo manifestamos en la convocatoria,
lo que pretendíamos era que
en cada imagen audiovisual hubiera
una mirada que penetrara en lo más
hondo de las cosas, privilegiando
una mirada que dijera de verdad
algo del país. Pero sobre
todo que también dijera algo
de su autor. Es decir, descubrir
realizadores que están proponiendo
miradas nuevas y renovadoras de
la ficción y el documental.
En la veintena
de trabajos seleccionados encontramos
todas estas cualidades, pero además
encontramos también que la
dinámica de la realización
en video desbordó nuestras
expectativas, sobre todo en lo relacionado
con aquello de la originalidad y
el riesgo, al presentarse, sin que
estuviera contemplado en la convocatoria,
una cantidad considerable de videos
experimentales de una calidad sorprendente
si se tiene en cuenta la escasa
tradición que esta manifestación
tiene en nuestro país.
En todo caso,
ya sea como argumental, experimental
o, especialmente, documental, el
video del siglo XXI en Colombia
se encuentra en un nivel de calidad
y en una suerte de apogeo nunca
antes vistos. Y no sólo tiene
que ver con ello la mencionada democratización
de la imagen, sino que además
se evidencia una mayor cultura audiovisual,
bien sea por la cinefilia, el camino
ya recorrido por otros o por la
propia experiencia adquirida, pero
el caso es que los realizadores
están creando y proponiendo
nuevas cosas, están manejando
y expresándose con el lenguaje
audiovisual, están haciendo
su propia obra arando con el video. |