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Eugenio
Prieto Soto
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Insepulto en el recuerdo de muchos poblados colombianos,
todavía yace la figura de un vehículo
tipo "bola policial" que promovía vermífugos,
laxantes y otras "yerbas", y que iba de pueblo
en pueblo proyectando películas en el marco de
la plaza, justo sobre el paredón más grande.
Era una presentación gratuita, previo perifoneo
durante el día. Todo un acontecimiento que espantaba
la modorra cotidiana. Era reencuentro en todos los sentidos.
Era trasnochada en tierra fría bajo las ruanas,
u ocasión para prolongar el día en las
más calurosas. Todas eran películas mexicanas,
con Tin-Tan y sus hilarantes aventuras, con María
Félix y su belleza legendaria o con Antonio Aguilar,
su tropa de charros, sus azarosas trifulcas y sus "corridos
muy mentados". Cine en blanco y negro. Un espectáculo
para quedarse mudo ante el milagro de esas imágenes
en la pared cobrando vida y ese sonido ocupando todos
los silencios de la plaza grande y atiborrada de espectadores
atónitos.
Evolucionaron las cosas; tímidamente, algún
empresario del pueblo se metió en la aventura
de abrir un teatro. Más tarde, llegó la
televisión concentrando ese milagro en una reducida
pantalla, aún en blanco y negro. Entonces el
pueblo se apiñaba en el almacén del comerciante
opulento que ya tenía, para la venta y para enga-tusarnos,
un televisor que parecía un armario atiborrado
de sombras y de mundos ajenos. Volaron los años
y con ellos desapareció nuestra inocencia, para
terminar extraviados en estas playas del hartazgo de
imágenes y sonidos que ahora nos congestiona
y apabulla.
Esta apretada remembranza, para recibir con aplausos
todos los méritos que encierra el hecho de que
por cuarta vez la Corporación Festival de Cine
de Santa Fe de Antioquia entre en escena. Se nos vuelve
a dar la ocasión para reencontrarnos con el hipnotismo
propio de este espectáculo, para hermanarnos
en emociones primigenias y reeditar el alborozo de infancias
extraviadas. Será un retorno a lo nuestro en
esta mítica Ciudad Madre que ahora lo es del
cine con su carga de nostalgias, de luz, de historias,
de síntesis y memoria cultural.
En esta ocasión, para descubrir con el potosí
del cine latinoamericano que todos hemos sido los mismos
en la lucha, en la esperanza, en el usufructo de una
riqueza de creatividad, pero también de paisaje
inagotable, de pasiones y de sueños.
Retorno a la nostalgia de años no tan lejanos,
de la mano del cantautor argentino a quien el certamen
rinde homenaje: Leonardo Favio, el inspirador de nuestros
romances de juventud, con esas letras y esas tonadas
que nunca pasarán, porque "Otra vez será"...
Esta vez, para explorar su faceta de director de cine
comprometido, como en sus canciones, con la trascendencia
de las cosas sencillas, con lo perenne del amor y la
ternura.
¡Bienvenido entonces este nuevo pero ya arraigado
patrimonio cultural de la región, el cuarto Festival
de Cine de Santa Fe de Antioquia!
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